Marcelo Luis Ebrard Casaubón nació el 10 de octubre de 1959 en la Ciudad de México, en una familia donde el análisis del país era parte natural de la vida diaria. Creció entre conversaciones sobre responsabilidad, justicia y futuro, valores que marcaron su carácter y lo llevaron a desarrollar una sensibilidad profunda hacia los problemas sociales. Desde joven entendió que la política no debía ser un fin, sino una herramienta para mejorar la vida de la gente.
Su formación en Relaciones Internacionales en El Colegio de México fue un punto de inflexión. Ahí aprendió a pensar con rigor y a entender a México desde una perspectiva global. Sus profesores recuerdan a un estudiante disciplinado, curioso y con una habilidad particular para escuchar antes de debatir. En el COLMEX también nació un interés poco conocido que lo acompañaría toda su vida: la fascinación por las ciudades y su capacidad para transformar el destino de millones.
A lo largo de su trayectoria —como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y posteriormente como Secretario de Relaciones Exteriores— Ebrard cultivó una reputación de negociador sereno, pragmático y orientado a resultados. Pero más allá de los cargos, hay un hombre que valora profundamente la vida íntima. Su matrimonio con Rosalinda Bueso, diplomática hondureña, ha sido un punto de equilibrio emocional, una relación discreta que él protege con especial cuidado.
En lo personal, Ebrard es un lector constante de historia y un apasionado de la tecnología y las ciudades del futuro. Cuando viaja, suele visitar sistemas de transporte o zonas urbanas emblemáticas para observar cómo funcionan; es su manera de seguir aprendiendo, incluso lejos de la oficina. Esa curiosidad permanente refleja algo esencial en él: la idea de que siempre se puede mejorar, innovar y comprender más profundamente al mundo.
La vida de Marcelo Ebrard es la de un hombre que ha buscado construir acuerdos en tiempos difíciles, guiado por una combinación de estudio, sensibilidad y convicción pública. Su historia muestra a un político de alto perfil, sí, pero también a un ciudadano que ha intentado responder a los desafíos de su época con disciplina, reflexión y un compromiso auténtico con México.
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Dirigió la política de seguridad local y la reorganización policial en la capital.
Encabezó la administración capitalina con proyectos de infraestructura, movilidad y política social de gran escala.
Coordinó políticas urbanas y recuperación de espacios públicos en la Ciudad de México.
Condujo la política exterior mexicana, la negociación del T-MEC, la diplomacia regional y la gestión internacional de la pandemia.