Omar Hamid García Harfuch nació el 26 de febrero de 1982 en la Ciudad de México, en una familia vinculada al servicio público y a la disciplina institucional. Desde joven creció con una noción clara de responsabilidad y orden, valores que marcarían su trayectoria. Su formación personal se dio entre el rigor del estudio y la conciencia de que la seguridad pública exige carácter, constancia y temple.
Su paso por la academia estuvo orientado a la profesionalización del servicio. Estudió Derecho y se especializó en seguridad pública e inteligencia, complementando su preparación con cursos y entrenamientos en instituciones nacionales e internacionales. A lo largo de esos años desarrolló un enfoque técnico poco común en la política: análisis de datos, planeación operativa y coordinación interinstitucional. Quienes lo conocieron en esa etapa recuerdan a un perfil reservado, metódico y profundamente concentrado en el aprendizaje práctico.
En lo personal, García Harfuch ha mantenido una vida discreta. Es padre de familia y protege con especial cuidado su intimidad. Sus cercanos lo describen como alguien sobrio, con hábitos disciplinados y una ética de trabajo constante. Lejos del protagonismo, encuentra equilibrio en la rutina, el ejercicio y el estudio continuo, elementos que considera esenciales para el autocontrol emocional que exige su labor.
Su carrera en seguridad se forjó desde el trabajo operativo. Ocupó distintos cargos en la Policía Federal, participó en áreas de investigación y posteriormente se integró a la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, donde llegó a ser titular. Desde esa posición enfrentó uno de los episodios más duros de su vida pública: el atentado en su contra en 2020. La manera en que sobrevivió y regresó a sus funciones lo convirtió en un símbolo de resiliencia institucional y compromiso con el deber.
Durante su gestión, impulsó una estrategia enfocada en inteligencia, coordinación y reducción de delitos de alto impacto. Más allá de cifras, su estilo se distinguió por la presencia constante en territorio y una comunicación directa, sin estridencias. Para muchos, su figura representa una nueva generación de funcionarios de seguridad: técnicos, formados y conscientes del costo humano de sus decisiones.
La historia de Omar García Harfuch es la de un servidor público que ha enfrentado riesgos personales sin abandonar su convicción de que la seguridad se construye con preparación, disciplina y responsabilidad frente a la sociedad.
Este perfil no tiene canal asignado.
“La inteligencia es la principal herramienta contra el crimen.”
“La seguridad se construye con coordinación, no con improvisación.”
“Nuestro objetivo es reducir la violencia, no solo reaccionar a ella.”
“El mando civil es esencial para una seguridad democrática.”
“Los resultados se miden en hechos, no en discursos.”
Encabeza la estrategia nacional de seguridad del gobierno federal.
Profesionalizó la investigación criminal y fortaleció casos de alto impacto.
Encabezó la estrategia de seguridad basada en inteligencia y coordinación
Coordinó investigaciones federales contra el crimen organizado.
Bajo su conducción operativa se registraron descensos sostenidos en homicidio doloso, secuestro y robo con violencia en zonas prioritarias, mediante despliegues focalizados y seguimiento por inteligencia.
Se ejecutaron operativos dirigidos a objetivos generadores de violencia, con detenciones relevantes y aseguramientos de armas y drogas, priorizando investigación y coordinación interinstitucional.
Impulsó el uso sistemático de información, bases de datos y análisis criminal para planear operativos, reduciendo acciones reactivas y elevando la eficacia de la policía capitalina.
Consolidó esquemas de trabajo entre autoridades locales y federales, mejorando tiempos de respuesta, intercambio de información y ejecución conjunta en seguridad pública.
Implementación de un modelo operativo centrado en análisis criminal, seguimiento de objetivos prioritarios y despliegues focalizados, documentado en informes oficiales y estadísticas de incidencia delictiva.
Coordinación de operativos que derivaron en detenciones de líderes criminales, aseguramientos de armas y drogas, y debilitamiento de estructuras delictivas urbanas.
Integración de bases de datos, análisis de patrones delictivos y uso de tecnología para planeación operativa, reduciendo acciones reactivas y mejorando la toma de decisiones.
Consolidación de esquemas de trabajo entre policía local, fuerzas federales y fiscalías, con protocolos conjuntos y operativos coordinados documentados públicamente.
Ha sostenido públicamente que la inteligencia policial y el análisis criminal deben guiar la acción del Estado, priorizando objetivos generadores de violencia sobre operativos masivos reactivos.
En múltiples declaraciones afirmó que la reducción del delito depende de la cooperación entre fuerzas locales y federales, evitando duplicidades y disputas de competencia.
Ha defendido que la conducción de la seguridad debe permanecer bajo autoridades civiles, aun cuando exista apoyo de fuerzas federales o militares.
Ha reiterado que las políticas de seguridad deben medirse con indicadores verificables de incidencia delictiva y no por narrativas políticas o mediáticas.